El día de… La Fantasía

Tener imaginación es bueno, fundamental de hecho. El mundo audiovisual se nutre de aquellos cuyos sueños lúcidos escriben historias nuevas y atrayentes. Tanto como de las  y los profesionales audiovisuales que ven, escuchan y entienden esos nuevos universos y son capaces de plasmarlos.

El Reino de Fantasía, por mucho que nos gustase el libro y la película de “La Historia Interminable” -la buena-, nunca ha estado en peligro, todas y todos abonamos su mundo varias veces al día. Y he aquí donde sí encontramos un peligro. Hay personas que viven en Fantasía, sin ser conscientes de lo que esto implica en el mundo práctico.

 

Fantasear

Las soluciones creativas vienen de pensar más allá de lo previsible. Esa capacidad para salvar dificultades de las más insospechadas maneras, también se entrena y curte. Una sonidista novel encontrará la manera de captar la voz de un personaje secundario entre el barullo de la gente. Una sonidista experimentada encontrará varias maneras, teniendo en cuenta posibles tiros de cámara y nuevas situaciones imprevistas.

La profesión audiovisual, en todas sus formas, es la profesión de quienes acercan a nuestro mundo los otros mundos que soñamos. Y dichos mundos soñados, también son más complejos cuanto más ejercitamos nuestra imaginación, motor de la fantasía.

Guionistas, escritoras y escritores, directores y directoras, incluso actrices y actores crecen y mejoran a medida que absorben nuevas historias, que interrelacionan conceptos que antes nunca habían estado juntos. Las historias de viajes en el tiempo forman parte del imaginario humano desde hace siglos y, siendo los viajes al pasado fáciles de exponer, son las visitas al futuro las que mejor definen la percepción que se tiene de lo que vendrá. Nuestra imaginación y fantasía están sujetas a lo que sabemos, por mucho que lo sepamos retorcer.

 

Fantasear (de más)

Toda esa potencia de nuestra mente para estar más allá de donde estamos, entraña su riesgo. Bien sabemos en el desarrollo de proyectos audiovisuales que las previsiones y necesidades tanto técnicas, artísticas, profesionales, humanas como recreativas -¡huid del burnout insensatos! deben estar previstas y debidamente planificadas. Se tiene un presupuesto y un tiempo concretos.

Y sin embargo, pasan cosas. Y hay que adaptarse. Igual con las prisas de producción, se pone nervioso al equipo de vestuario que sube muy rápido la bragueta del protagonista y pellizco en el pene. La Directora de Fotografía tiene un cólico menstrual y está doblada en su cama sin nada que la alivie. En una escena de acción alguien puede sufrir torsión testicular, o una cistitis. Podríamos hablar de daños en cámaras, micrófonos a los que se les rompe la membrana, cableado que se parte o transportes que se retrasan. Pero si os hablo de cosas que duelen sé que lo sentiréis como propio y por tanto, despertaré vuestra empatía.

¿A qué vienen tantos ejemplos? Son para dejar claro que vivimos en la incertidumbre y el problema mayor de fantasear (de más) es perder perspectiva. Dejarnos llevar por la ilusión de control y que en pos de nuestro objetivo, seamos la mayor traba. Debemos  hacer cuanto esté en nuestra mano, todo lo posible por cumplir y hacer cumplir el plan de trabajo. En eso cualquier profesional está de acuerdo.

 

La Fantasía, que puede ser nuestro principal motor, corre el riesgo de ser un objetivo demasiado brillante y glorioso para ser capaces de tomar el desvío necesario para llegar hasta la meta. Recordad que, igual que podemos imaginar todo tipo de mundos y soluciones inmediatas, somos capaces de imaginar las más diversas formas de salvar dificultades imprevistas. Eso hace que seamos auténticos profesionales en todo el sentido de la palabra. Por La Emperatriz.

 

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