El día de… La radio. Y todo lo demás.

Y sí, hoy es San Valentín, por lo que hablaremos de amor y amar, pero ¡De buena onda! ¿Lo pilláis? Porque es un post sobre la radio y su valor.

No me juzguéis.

 

Más importante que ella misma

Tal vez a la altura de la imprenta por su impacto, la radio permitió borrar de un plumazo fronteras y distancias. ¡Llegó más allá que eso! Permitió el acceso a información y la cultura a los millones de personas que en los últimos 4 siglos no habían tenido la oportunidad de aprender a leer.

Cierto es que juglares, trovadores y voceros llevaban mucho tiempo en las calles. Que había teatro y, el pueblo llano, pillo y atento, siempre encontraba la manera de enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Pero amigos, la radio era mucho más accesible, ni siquiera necesitaba una atención plena y permitía disfrutarla sin dejar de atender a las tareas.

Incluso revolucionó la forma en la que se escribían y contaban, tanto noticias como historias. Surgen los primeros técnicos especializados, los narradores, guionistas, comentaristas y analistas. Voces al otro lado del espectro capaces de llevarnos por un carrusel de emociones y pasiones. Personas a distancias inimaginables, susurrándonos, erizando nuestra piel.

 

Popularibus artes

Consigo, La Radio trajo algo tan arraigado a su esencia, tan propio, que supera incluso a su revolución técnica. Me refiero a las radionovelas, historias seriadas que aprovechan y explotan la nueva forma de comunicación, generando consigo un público fiel, fascinado por las nuevas historias a las que puede acceder. Y con ello como hablábamos antes, vienen narradores y guionistas de nuevo cuño, voces que se convierten en reclamo automático de audiencia e historias que pueden multiplicar su complejidad y matices, jugar con la sorpresa, la incertidumbre y los giros de guión a escalas nunca antes vistas.
Esta es, sobre todas, la mayor herencia que nos deja el primer sistema de comunicación de masas.

De estas radionovelas, derivan las telenovelas que tanta aceptación han tenido en los hogares durante décadas, con cientos o miles de episodios, las series en un sentido más estricto, con mayor producción y géneros variados. Y para sorpresa de propios y extraños, en un viaje de ida y vuelta, afectó a literatura y cine, dando lugar a obras subdivididas, pensadas para ser disfrutadas en distintos tiempos, cuyos personajes crecen y se enriquecen con su público.

Ars artium

Y tal vez esta sea una de las mayores virtudes ocultas de la radio. Nos enseñó que una obra puede evolucionar. Que todas sus partes, actos y personajes son susceptibles de cambio, que es permeable al mundo y su actualidad. Deja de lado el elitismo cultural, en su forma y su lenguaje, para ser uno con la forma y el lenguaje de los tiempos.

La radio trajo al mundo una forma de comunicar, no excluyente, que sabe aprovechar su cercanía para entretener y formar, alimenta el deseo de conocer y la crítica del público, sin que este siquiera sea consciente.

Y a los esto no les interesa, pues siempre habrá radioMarca.

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