Como dijo… WES ANDERSON

“A aquel que con frecuencia ha contado las historias de otros muchas historias se le contarán.” (El Gran Hotel Budapest)

Wes Anderson, ese director criticado por dar más importancia al estilo que a la narrativa. Pero… ¿por qué no puede un director de éste calibre hacer lo que le de la real gana?. Además, no es que el estilo se superponga a la narrativa, es que el estilo de Anderson es una parte imprescindible de su manera de contar historias. Y amigos, para gustos, los colores.

El pequeño Wes

¿Sabes que el pequeño Wes pasó su niñez en Texas donde tenía la secreta ambición de convertirse en escritor? Sí, y además pasaba el tiempo experimentando con una super-8. Ya apuntaba maneras.

Estudió en la Universidad de Texas y se graduó en Filosofía mientras trabajaba proyectando películas en un cine. Allí conoció a Owen Wilson, el cuál más tarde se convirtió en el co-escritor del primer largometraje de Anderson: “Bottle Rocket”.

Wilson además terminó convirtiéndose en uno de los actores fetiche de Anderson. Además, también son habituales Bill Murray, Anjelica Houston, Edward Norton, Adrien Brody… Tiene mérito que en las películas de Anderson las caras siempre se repitan pero que los personajes siempre sean únicos.

Un tipo con estilo…y narrativa

Si tengo que analizar la técnica de Anderson la resumiría en una palabra: simple. Esto no quiere decir que sea fácil, simplemente que tiene un estilo característico de un gran director de método. Utiliza conceptos básicos como los cameos, las tomas circulares, las tomas de frente o sus tan queridas tomas estáticas. Sus planos suelen durar uno o dos segundos más de lo exigido ya que le gusta agotar al máximo las acciones de los personajes, los cuales parece ser que más que el centro de todo, son un elemento más en el montaje.

Otra cosa a destacar del trabajo de Wes y de la que no nos podemos olvidar, es la estética. Le encantan las paletas de colores cuidadosamente delineadas y tiene una extraña obsesión con las simetrías. La clave de esto es su mano derecha, su querido director de fotografía Robert D. Yeoman que lo acompaña en todos sus largometrajes y con el que se compagina a la perfección.

La narrativa de Anderson podría definirse como nostálgica. Sus historias siempre hablan de hechos pasados y suele utilizar narradores omniscientes, incluso se atreve a añadir varios niveles de historias dentro de otras historias.

El centro de todo

Sí, la simetría es una de las características más destacadas del cine de Anderson. Parece tener obsesión por el centro. Si algo caracteriza a sus composiciones es el hecho de que siempre giran en torno a un punto a partir del cual compone sus planos. Así, una cámara anclada observa cómo los personajes desarrollan la acción dentro de un espacio delimitado, como quien representa un papel a lo largo y lo ancho de un escenario. Desarrolló esta técnica hasta el máximo en “El Gran Hotel Budapest”, aunque ya la insinuaba en otros trabajos y se ha acabado convirtiendo en su sello propio.
Planos compuestos con precisión, que implican tanto a los departamentos de arte y vestuario como a la propia fotografía que, con su luz limpia y sin sombras, evoluciona hasta dar con el resultado perfecto de sus últimas creaciones.
Aventuras locas

Evasiones locas, fugas frustradas, bandas criminales, robos, declaraciones de amor, sueños y personajes extraordinarios hacen que las películas de Anderson sean auténticas aventuras. Su crítica a la condición humana con toques surrealistas y fantásticos, nos regala un escape a nuestra vida cotidiana gracias al absurdo de sus situaciones.

Os recomiendo dar un paseo por el cine de éste fantástico genio hilarante.

Os dejo su filmografía AQUÍ

 

 

 

 

 

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